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Consejo Nacional para el Entendimiento Público de la Ciencia.

¿Propuestas para divulgar desde perspectivas inclusivas o excluyentes? (2/2)


Rocío Incera +

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Diagnosis y estudio de gabinete previo

Es pertinente señalar la importancia de la etapa diagnóstica previa, señala Reyes Terrón, ya que ésta permite el análisis de los problemas, necesidades, situaciones adversas y características de la población objetivo; a través de un diagnóstico adecuado, la fase de programación podrá generar un impacto no sólo medible y cuantificable, sino verificable en términos de calidad. Además, con el fin de afinar y dotar de vida a la propuesta –y de modo que resulte en un material interesante para articular conocimiento con el resto de constructores de la política pública mencionada- es deseable que en un mediano y largo plazos, se dé seguimiento a la propuesta, cuando sea posible aplicarla en más localidades urbanas.

Esta propuesta tendría que contar con pilotos diversos, que incluyeran la evaluación de pares y las encuestas en usuarios –que no podrían ser tan profundas como sería necesario (evaluaciones según la metodología de Marco Lógico, Reyes Terrón, 2011) pero que sí dotan de seriedad investigativa a la misma.
Puesto que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología se interesa vivamente por los índices para evaluar la Divulgación de la CTI, resultaría interesante probar en los pilotos una metodología que pudiese convertir en subsiguientes etapas en indicadores, referentes, sugerencias y acciones más claras... aún cuando el y llos consejos de CyT ya eligieron el modelo deficitario…

El presente proyecto, con toda seguridad, otorgaría dicha base (talleres, Apropiación Social del Conocimiento y aplicación en Parques Públicos), en sus diversas aplicaciones, con el fin de hacer propuestas específicas en más localidades, de modo que cada una cuente con su propia propuesta consensuado y construido ex-profeso para sus propias comunidades. Las estrategias deberán prever la evaluación del mismo. Y debería de partir de las necesidades reales de las poblaciones (como ocurre con el modelo de divulgación colombiano).

De hecho, de acuerdo también con Reyes Terrón, “los procesos de evaluación según la metodología de marco lógico, se ciñen al procedimiento del análisis de eficiencia; tal, especifica el valor de cada uno de los productos o servicios utilizados en un programa o proyecto, independientemente de la forma de financiamiento que se haya tenido y que asume su elemento de calidad cuando ese coste del producto corresponda a los indicadores mínimos de calidad, es decir, aquellos que otorgan a la sociedad insumos que cubran necesidades fundamentales con una alta dosis de satisfacción”. Además, un análisis costo-impacto debe considerarse una herramienta metodológica propia de este proceso y se conoce como flujo de costos de calidad (Manual para la presentación de proyectos sociales a través de la metodología de marco lógico, ámbito cualitativo. Sin embargo, este esbozo se quedará para futuras etapas del proyecto, pues es de esperar que éste –en convocatorias que posibiliten alcances más extensos, mayores- se convierta en un tema de investigación serio: intervenciones con CTI y transversales, a través de modelos con cruces de contenidos y aplicaciones de distintas ciencias. En esta ocasión, la evaluación sólo será posible en matrices diversas y con metodologías específicas de análisis de metalenguaje y de observación por pares, con el fin de proponer algunos indicadores propios de APC, en este tipo de ofertas.

México, hoy, enfrenta la crisis social más difícil, larga y sin visos inmediatos de mejora, que haya vivido desde principios del siglo pasado. Los índices de inseguridad, aumento en el número de personas que cultivan, producen, comercializan y consumen sustancias de adicción en este país (Conadic, 2012), por citar sólo dos muy dolorosos, aunque existen otros igualmente graves. A tal situación, ya se le llama guerra en algunos sitios de la Nación, así como en muchos del extranjero (Alvarado y Serrano, 2010). Y los investigadores no han visto en profundidad –aún- la crisis de Estado y de gobernabilidad que hoy existe en el país, aunque especialistas (Colegio de México, por ejemplo), enuncian esas palabras: “guerra”, “crisis de gobernabilidad”, “divorcio del Estado y de su pueblo”, por ejemplo. Por eso, y ante la problemática existente que es necesario mencionar, lo que resta es –para la visión de esta propuesta- apoyar la Ciudadanía desde los conocimientos de CTI (ya mencionadas), para la ASC y la reconstrucción del tejido social, con base en la Civilidad.

Por el otro lado, los llamados Millenials –como se denomina a los niños que nacen en torno al siglo XXI– son niños sensibles que tienden a mantener el contacto consigo mismos. Las generaciones a las que pertenecen cuentan con tipos de inteligencias que les permiten conocer la realidad de una manera holística, es decir, de manera constructiva y en conjunto (no por partes). Parecen “saber” que ellos son un puente muy importante entre el pasado y el futuro. Suelen ser digitales y muestran un interés espontáneo por el medio ambiente, con el que al parecer se comprometen profundamente. Y son –según consideraciones de gente del pasado- muy inteligentes, además de activos, capaces de conocerse a sí mismos sin mayores guías morales ni de principios y materializan sus capacidades, sus inteligencias de un modo muy veloz. Les gusta divertirse y jugar. Pueden no ser obedientes y saber más de lo que los adultos suponemos, ser personas poco comprometidas con sus cometidos, sobre todo cuando proceden de gente, instituciones o sitios que los niños perciben como “autoritarios”. Y, desde luego, cuando resultan verticales y existe escasa participación de ellos en cualquier tipo de tarea. Cuando las experiencias resultan desafortunadas, estos niños simplemente no participan. Punto. Y, por ello, pueden parecer flojos a los ojos de los adultos.

Esos niños en particular –que en el 2015 tienen de 5 a 20 años– conforman la reconocida Generación Z son especiales, hipersensibles y suelen contar con inteligencias muy superiores. Les cuesta trabajo adecuarse a las labores rutinarias y disciplinadas. Como hipersensibles, pueden abstraerse en sus realidades virtuales y pasar días enteros en ellas. No parecen muy conectados con la realidad porque ésta les parece deslucida y pobre, en relación con sus sueños. Tienen escasos amigos, pues buscan experiencias de honestidad y de profundidad que no todos entienden. Son amorosos y filosofan en derredor el mundo y de lo que “vinieron a hacer” desde que comienzan a parlotear. Se encuentran muy cómodos en ambientes naturales: disfrutan sin desperdiciar cada recurso al que tienen acceso. Parecen haber nacido con “conocimiento” sobre los suelos –por ejemplo– pues al jugar con tierra, saben que es un material complejo y rico (y lo explican). Parecen tener una habilidad especial para “saber qué quieren y necesitan” sus mascotas y otras especies, incluidas las plantas. Son delicados con sus propios sentimientos y con los de los demás. Aman la belleza, la justicia y la armonía y tienen dificultades para comprender los intercambios materiales (compra-venta, por ejemplo) presentes en el planeta. No sólo cuidan a las especies, sino que también cultivan, adoptan y tratan al resto de lo viviente como a un igual (no se sobreponen ni se creen dueños de ninguna planta o animal, por ejemplo). Son personas sumamente agradecidas por lo que reciben y lo aprecian profundamente, sobre todo si perciben que se les da con ánimo generoso y desinteresado. En cambio, cuando perciben intereses o motivaciones egoístas, se cierran y pueden actuar –incluso- como autistas. (Lexia, 2012).
Por su parte, los jóvenes de educación media y media superior tienden a abandonar los estudios escolarizados en una tasa de 600 mil por año (De la Riva, 2013). Los expertos afirman que cuentan con las siguientes características: no son impulsivos, aunque –por ser hipersensibles– pueden resultar fácil presa del consumo de sustancias psicoactivas y, luego de probarlas, se conviertan en adictos (incluso, en poliadictos: CONADIC, 2012). Muestran algunos miedos a vivir, pues saben que enfrentarán las manifestaciones del Cambio Climático, de las poblaciones excesivas de humanos y de la incertidumbre, pues nacieron en tiempos inestables, en los que “crisis” y “cambio” son norma de vida cotidiana.

La situación en México es delicada: el fortalecimiento de los procesos de individuación en tiempos desmodernos –con tradiciones que no sostienen emocionalmente a los grupos; y con cambios en los entornos de las personas cercanas y remotas (la familia tradicional tiende a desaparecer, para dar paso a grupos humanos más complejos)–, pues los grupos necesitan conformarse con individuos resilientes, tolerantes y capaces de salir adelante, a pesar de la complejidad de los problemas que los circunden.
En el mundo, la educación está considerada como la herramienta y la estrategia más importante y de mayor impacto para las comunidades sociales. Todos vivimos en la Sociedad del Conocimiento, que “se refiere al tipo de sociedad que se necesita para competir y tener éxito frente a los cambios económicos y políticos del mundo moderno. Asimismo, se refiere a la sociedad que está bien educada, y que se basa en el conocimiento de sus ciudadanos para impulsar la innovación, el espíritu empresarial y el dinamismo de su economía” (OAS, Declaración de Santo Domingo, 2006. http://www.oas.org/docs/declarations/AG-DEC-46-Dec-de-Santo-Domingo-SPA.pdf ).

Entonces, en un contexto global donde el desigual desarrollo de las naciones ya no se explica por la mayor o menor posesión de recursos naturales o de infraestructura física, sino por el ritmo de creación, acumulación y aprovechamiento de los saberes, la actual sociedad del conocimiento va de la mano de la economía del mismo, “un sistema donde el conocimiento es la verdadera esencia de la competitividad y el motor del desarrollo a largo plazo (Programa de investigación sobre economía del conocimiento en América Latina y el Caribe, FLACSO, 2006).

No obstante, aun en este mundo globalizado, en un país donde 55 millones de la población viven en situación de pobreza, la economía del conocimiento no debe ni puede estar al servicio de intereses privados, “limitando los beneficios de un proceso que es eminentemente social, la producción de conocimientos” (Vélez Cardona, W., “¿Qué es la economía del conocimiento y cómo impacta a la universidad pública?”, Seminario de Educación Superior, UNAM, ponencia, 2008). Por tanto, desde nuestra perspectiva, la economía del conocimiento debe ser, primordialmente, social y solidaria, en la que la racionalidad económica, la mercantilización del saber y los criterios del mercado no se antepongan a los fines de un Estado de Bienestar, sino al revés: que el conocimiento sea un instrumento para mejorar las condiciones de vida de la sociedad y su economía.

Divulgación de la ciencia

En la propuesta, existen temáticas básicas, que vale la pena recordar.
A través de la evolución de la Divulgación de la Ciencia, los grupos diversos han creado material que posibilita una recreación de los productos de la CTI pura y aplicada, para comunicarlos a públicos más extensos: en labores de difusión (entre pares) y en ámbitos que poco a poco rebasan los ámbitos académicos. Se habla de recrear, porque –sin desmedro del contenido, resultados y algunos métodos para lograr evidencia- los divulgadores utilizan técnicas periodísticas, literarias, fotográficas y de diseño (gráfico e industrial), para embellecer y hacer más atractiva a los públicos no académicos la presentación del arduo trabajo científico.

La Divulgación de la Ciencia es una especialidad muy joven en México. Aparte de otros esfuerzos pioneros y aislados, es posible decir que con la política editorial del CONACYT en la década de 1970 –especialmente con el inicio de la revista Ciencia y Desarrollo e Información Científica y Tecnológica, creadas en 1975 y 1979, respectivamente– se dio un gran impulso a la formación de un grupo importante de divulgadores y periodistas científicos. De igual modo, en 1980 se fundó el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia, y en 1986 inició labores la SOMEDICyT), que ha hecho esfuerzos notables para dar a conocer este tipo de conocimientos en grupos humanos tradicionalmente renuentes a la CTI (vid. Apropiación pública de la Ciencia, CONACyT, encuesta INEGI, 2012, en la que es visible la pobreza del aprecio y gusto por la ciencia (Vid. Infra. Bibliografía propuesta).

Y es deseable que el esfuerzo para construir data de tipo social, resulte en la preparación de los suelos (2015: año de los suelos-edafología) para que la semilla de tantos divulgadores y las del Consejo, se diseminen más lejos: es de esperar que, con este propuesta, los valiosos esfuerzos institucionales del Consejo, de la Somedicyt y de otras instituciones, florezcan y se distribuyan con más facilidad, dinamismo y largos alcances.

Esta propuesta puede prometer un incremento en el aprecio, gusto y conocimiento de las ciencias, pues se basa en enseñanzas lúdicas y bien entramadas respecto de necesidades, expectativas, deseos y previsiones de las personas. Las tibias labores de tejido social –medidas con duras y eficaces encuestas y evaluaciones- permitirán una base de acercamiento de los productos de la CTI y de su divulgación de formas eficaces para su apropiación por parte de los grupos urbanos. En ese sentido, será más fácil que los adopten y, por ello, es previsible que las vocaciones científicas se incrementen, así como la valoración general respecto del conocimiento.

En buen número de algunos grupos institucionalizados, se prevé la adecuación entre las ofertas educativas formales y la existencia de puestos de trabajo a lo largo del tiempo, por lo que iniciar la vida pública de las personas con tejido, impactos positivos y propositivos, alista sus capacidades, habilidades y destrezas en continuo desarrollo y puesta en marcha, para los esfuerzos públicos educativos que los han llevar hacia la profesionalización y hacia la puesta en marcha del sostén de su vida individual y social.

Las generaciones que hoy nacen se caracterizan por actuar como protectores de los recursos naturales y humanos. Tienden a ser personas profundamente sensibles respecto de sus entornos. Difícilmente soportan métodos de enseñanza que fueron útiles en los siglos pasados. Los millenials (nacidos de 1980 al 2000) y la Generación Z (tienen de 5 a 20 años) son menos consumistas y procuran mantener una huella ecológica baja. Prefieren relaciones en las que exista la confianza y prefieren mostrarse honesta y sinceramente, con todo y sus vulnerabilidades. Se preocupan por el ambiente y son constructivos. Así como son nativos digitales, también son nativos protectores de los recursos y gustan de lo natural (por lo que procuran huertos urbanos, por ejemplo) (Lexia, 2012). Por eso, esta propuesta está orientada a estudiar los modos para conectar a los niños –tal y como son- con otros grupos humanos y con el conocimiento.

En sí, es responsabilidad del Estado dar cauce a los talentos y destrezas, características, ímpetu propio y vocaciones con los que los individuos vienen, no sólo buscar entrelazamientos entre las necesidades con las que cuentan las compañías que los emplearán cuando crezcan. Y este tipo de propuestas investigativas procuran –al ser participativas- justo entender las necesidades y las visiones de las personas, con el fin de aparejar con ellos los conocimientos, destrezas y habilidades que requieren para vivir.

Por el otro lado, quizá uno de los asuntos que particularmente golpea a México –además de los asuntos de industrias ilegales apenas esbozadas y que no son de interés para esta investigación- es y será el Cambio Climático. En la comunidad científica no existe duda de su existencia. Se habla de una mini-era del hielo en la Tierra (dados los ciclos de actividad solar) y, a la vez, un posible incremento de temperaturas, dada la presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera (y el resto de las esferas de nuestro planeta).
Se empata, entonces, los nacientes protectores del planeta, con la imperiosa necesidad de ventear las innumerables vulnerabilidades en México, además de las geológicas y las sociales (tenderá a la desertificación, así como a las inundaciones; la República tenderá a los hundimientos en tierras bajas –islas, playas y marismas- y a la falta de territorios fértiles en el Altiplano. La tensión entre los habitantes existentes, la falta de recursos hídricos en el país –por impactos en las cuencas hídricas: tala inmoderada de árboles, por ejemplo, y uso irracional de químicos en la agroindustria- y los crecientes problemas complejos en nuestro país, nos instan a socializar conocimiento válido, apropiado –no trivial- sobre las estrategias para enfrentar todos estos cambios (complejos, crecientes, inesperados, repentinos y que harán sinergias entre sí, dada la inestabilidad a la que los humanos y el uso de los recursos han llevado al planeta, así como a la continuación de los largos ciclos complejos que presenta el planeta).

Pedagogías y aprendizajes informales y no formales
Las comunidades tendrán que enfrentar muchos problemas… pero al menos, sabrán qué hacer antes, durante y después de un desastre, conforme las situaciones planetarias y sociales se hagan más y más complejas. Estarán preparados para ser constructivos, participativos y tenderán al pensamiento crítico y analítico (este tipo de corrientes pedagógicas establecen la necesidad de facilitar, de entregar a quien aprende las herramientas para que –con hilos conductores mínimos- éste aprenda a construir sus propios procedimientos para resolver situaciones de aprendizaje, retos o problemas. Tienen el fin de modificar las ideas de quien aprende desde su base (Problematización, Freire) con el fin de que continúe aprendiendo sobre sí mismo y sobre sus entornos natural y social (Mayéutica). El constructivismo supone un paradigma del aprendizaje en donde el proceso de enseñanza se percibe y se produce como uno dinámico, participativo e interactivo, de modo que el conocimiento no resulte en una imposición de quien enseña, sino en un auténtico descubrimiento de quien aprende, en un acto mutuo y dinámico de enseñanza-aprendizaje. Se trata de una enseñanza orientada hacia la acción –con base en proyectos constructivos- planteada –sobre todo- por Lev Vygotski y por Jean Piaget, y seguida por experiencias como las de Malaguzzi, en su experiencia Reggio Emilia, con el fin de que el conocimiento sea SIGNIFICATIVO (Ausubel).

Por sus características –y su historia- resultan ideales para ser aplicados en espacios públicos de recreación, pues alientan la capacidad creativa del individuo, quien genera, planea y desarrolla sus propias actividades, incluso si éstas están enmarcadas con cierto rigor basado en el conocimiento. El individuo termina siendo dueño de lo que aprende, pues lo investigó y lo llevó a la práctica y a los hechos por sí mismo. Estas teorías también apoyan y sostienen las acciones propias de psicólogos sociales como Albert Bandura (Auto-eficacia: ¿Cómo afrontar los cambios de la sociedad actual?, 1999).

Soportan a los aprendizajes por descubrimiento, en los que no existen imposiciones externas –propios de la mayoría de los sitios de Educación Formal- de conocimientos, para ser recibidos en forma pasiva. Quienes los adquieren, en cambio, relacionan conceptos y los reordenan, para adaptarlos a su propio esquema cognitivo, a su propia realidad circundante. Basada en métodos inductivos, ahondan en formas de contenidos cuando se carece de informaciones primarias respecto de los constructos anteriores de esos mismos contenidos. Los aprendizajes y los descubrimientos ubican en primer plano el desarrollo de las destrezas de investigación en el individuo y las fundamentan en una acción inteligente y discreta del facilitador para permitir los esfuerzos necesarios y suficientes de quien aprende para resolver un enigma, problema, situación o realidad. Este tipo de aprendizajes consideran los saberes y nociones de los participantes, con el fin de que sean capaces de vincular significativamente las informaciones novedosas con las eventualidades de aplicación en situaciones imprevistas.

Los métodos de Paulo Freire apoyan la Educación Informal y No Formal, pues no enseñan a repetir palabras ni a utilizar sólo la memoria para realizar constructos lógicos sostenidos por un pensamiento y un discurso abstracto, sino que coloca a quien aprende en condiciones de poder replantearse críticamente –y según sus necesidades e intereses- las palabras de su mundo para entramar la posibilidad de saber y poder decir su palabra, la propia, la que él construye con base en su propio saber, al apropiarse del conocimiento (tomado de Freire, Vid. Fuentes).

Para evitar que las propuestas investigativas resulten invasivas respecto del modo de ser intrínseco de los grupos, existen varias estrategias probadas con éxito: el juego como estrategia de aprendizaje, estos métodos constructivos informales y no formales de educación en espacios asumidos como de recreación, la actuación a través de talleres en los que los niños construyen su conocimiento, la creación de núcleos dialogantes deconstruidos y con matices de graduación para encontrar a los mejores facilitadores, mediadores del conocimiento (diálogos con consejos comunitarios y con autoridades para decidir entre todos quién debe mediar con los grupos). El conocimiento “se entrega” y, en grupo, se decide quiénes facilitan, con la base de la propuesta de juegos y de herramientas de aprendizaje y de impactos, para que cada grupo asuma dicho conocimiento y lo aplique según sus necesidades. Los científicos, en este caso, podrían ser acompañantes –y a su vez facilitadores- para quienes tienen contacto directo con los grupos, de modo que sea “un par”, “un igual” quien esté cerca de ellos y las aproximaciones resulten graduales y matizadas. Las estrategias deben de ser las mejores según el caso y de modos particulares. Es necesario evitar “llegar como salvadores” o “como buenos”. Es necesario evitar la acción vertical del llamado “mestizo” (desde la perspectiva de las etnias, por ejemplo). Es necesario construir con métodos de apropiación, que quizá, incluso, no existen. Y es necesario saber que los públicos son heterogéneos y escucharlos (Cetto, 2013).

Alimentación. Agricultura Familiar
En el contexto del desafío que representan el cambio climático y el deterioro de los recursos naturales (agua, suelo y aire), hoy enfrentamos la lucha por la erradicación del hambre y la pobreza, la seguridad alimentaria, la desnutrición y una epidemia rampante de obesidad que, sin distinción de edad, afecta a los diversos grupos socioeconómicos en las distintas regiones del país, desencadenando enfermedades crónico degenerativas (diabetes, trastornos cardiovasculares y cerebrovasculares); tan sólo en 2008 la Secretaría de Salud reportó que la obesidad representó un gasto de 42 mil millones de pesos, correspondiente a 1.3% del Producto Interno Bruto y a 13% del gasto público en salud, el cual prevén que se duplique para 2017.
De ahí que el gobierno actual impulsara el Decreto que establece el Sistema Nacional para la Cruzada contra el Hambre (Diario Oficial de la Federación el 21 de enero de 2013) y la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, (octubre de 2013). Entre los objetivos de esta última destaca la integración de grupos de asesores expertos en nutrición y promoción de la salud y la salud pública, así la promoción de la salud y estilos de vida saludables, mediante amplias campañas de comunicación educativa.

El Sistema Nacional para la Cruzada contra el Hambre constituye una estrategia de inclusión y bienestar social que se plantea los siguientes objetivos (que ha resultado fallido, del que se han utilizado fondos para otros fines y que está hoy mismo muy cuestionado, vale recordar)…

  • Cero hambre a partir de una alimentación y nutrición adecuada de las personas en pobreza multidimensional extrema y carencia de acceso a la alimentación;
  • Eliminar la desnutrición infantil aguda y mejorar los indicadores de peso y talla de la niñez;
  • Aumentar la producción de alimentos y el ingreso de los campesinos y pequeños productores agrícolas;
  • Minimizar las pérdidas post-cosecha y de alimentos durante su almacenamiento, transporte, distribución y comercialización.
  • Promover la participación comunitaria para la erradicación del hambre.

Ambas estrategias fortalecen diversos programas sociales como Prospera, en el que “la transformación económica requiere ser acompañada de políticas de desarrollo social modernas y eficientes que permitan a la población más pobre avanzar, desarrollarse y generar para sí mismos y sus familias una mejor calidad de vida, es decir, prosperar”.

Esto se vincula con lo que ocurre en el ámbito internacional, pues en su 66ª sesión la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2014 como “Año Internacional de la Agricultura Familiar", a fin de apuntalar los esfuerzos dirigidos a alcanzar la meta para 2015 –pactada en la Cumbre Mundial de Alimentación en 1996– de reducir a la mitad, a escala mundial, el número de personas que padecen malnutrición. Con ello, la FAO no sólo reconoce el papel trascendental de la agricultura familiar en la solución de la seguridad alimentaria, sino también que “es la forma predominante en el sector de la producción de alimentos, la cual ayuda a preservar las tradiciones, contribuye a una dieta equilibrada y a salvaguardar la biodiversidad agrícola del mundo”.

Asimismo, la FAO también destaca que la agricultura familiar produce 55% de la producción mundial; en México la agricultura familiar integra a 81% de los agricultores, que participan con 39% de la producción agropecuaria y genera el 70% de empleo rural. Esta agricultura representa la oportunidad para trascender la creciente dependencia alimentaria (importamos 45% de los productos de consumo básico), 20% más de lo recomendado por la FAO.

Además, los agricultores familiares desarrollan sistemas agrícolas basados en la diversificación de cultivos y preservan los alimentos tradicionales, contribuyendo a la vez a una dieta equilibrada y a la protección de la biodiversidad agrícola mundial. Los pequeños productores forman parte de redes territoriales y culturas locales, y gastan la mayoría de sus ingresos en mercados locales y regionales, generando muchos empleos agrícolas y no agrícolas. Los circuitos de producción y consumo locales basados en la agricultura familiar tienen un papel importante en la lucha contra el hambre y la obesidad, en especial cuando se vinculan a las políticas sociales dirigidas a sectores vulnerables

De modo análogo, casi todos podemos tener un huerto en nuestra vivienda a la medida de nuestras posibilidades, aun en las grandes ciudades. Como sistema de producción, el huerto nació en México como complemento de la milpa. Hoy también existen numerosos huertos que vuelan solos, alejados de la milpa y el maíz, en términos de distancia física pero no cultural ni gastronómica. A partir de los años setenta ha aumentado el interés en el huerto casero, sobre todo promovido por organizaciones civiles, por el auge de la agricultura orgánica y agroecológica y el deseo de comer más sano y natural. Es tiempo de regresar a la comida natural o menos procesada.

Pero pese a su importancia para las comunidades pobres, no existe un proyecto interinstitucional debidamente articulado y a gran escala para ofrecer apoyos a los pequeños agricultores y huertos familiares o comunitarios, como los que se plantea el Año Internacional de la Agricultura Familiar. Los huertos caseros y comunitarios pueden no sólo contribuir a tener una mejor alimentación y combatir el hambre, sino ser una fuente de empleo e ingresos a través de la venta de los excedentes, procesamiento artesanal y comedores comunitarios, disminuyendo así la pobreza (Bermúdez y García, 2013).

En síntesis, la agricultura familiar resulta fundamental para la producción de alimentos a fin de erradicar la mala nutrición, tanto en el ámbito urbano como en el rural, pero esto sólo será posible si se establecen medidas integrales y articuladas entre los sectores de salud, agrícola, educación y desarrollo social. Más aún, paralelamente deberán instrumentarse y fortalecerse opciones ramificadoras de la agricultura familiar en instancias como la escuela y la comunidad que rebasen la ayuda en especie a los destinatarios de los programas institucionales, corresponsabilizándolos de su bienestar individual, familiar y comunitario e inculcando buenos hábitos alimentarios vía la educación. De esta forma, nuestro proyecto puede enlazarse a la perfección con diversos programas sociales y estrategias como la Cruzada Nacional contra el Hambre, Prospera, comedores comunitarios, huertos familiares, la campaña contra la obesidad, etc. Todo ello contribuiría al cumplimiento del artículo 14 de la Ley General de Desarrollo Social, que establece “la Política Nacional de Desarrollo Social debe incluir la superación de la pobreza a través de la educación, la salud, la alimentación, la generación de empleo, ingreso, autoempleo y capacitación”.

De esta manera podría concretarse la Meta 2 del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, que “va más allá del asistencialismo [para conectar] el capital humano con las oportunidades que genera la economía en el marco de una nueva productividad social, que disminuya las brechas de desigualdad y que promueva la más amplia participación social en las políticas públicas como factor de cohesión y ciudadanía”.l pánico, por ejemplo).

Desarrollo Social
Cuando iniciaron los grupos humanos organizados, en los albores de las culturas humanas, los filósofos consideraban a estos grupos como un “cuerpo”, como un “organismo”. Hoy hablamos de sistemas y de articulación del capital humano y del capital social de una sociedad, que implica la evolución, el cambio hacia la maduración de las relaciones de individuos, grupos e instituciones de una sociedad, que están íntimamente ligados con el desarrollo económico y humano, con fines de Bienestar Social, basado en el desarrollo económico. Éste se caracteriza como la puesta en marcha en países y en regiones para crear riqueza, con el fin de promover o mantener la prosperidad social de sus habitantes.

El capital humano se refiere al grado de formación y de productividad de las personas que conforman grupos sociales, quienes inciden en cualquiera de los puntos –o en varios- de los procesos productivos, con base en el aprovechamiento del avance científico y tecnológico, es decir, a partir de la apropiación pública del conocimiento. Al final, en este siglo XXI, de lo que se trata es de alcanzar la autosustentabilidad. Y el capital social se refiere a la articulación y las interrelaciones que existen entre los diversos grupos sociales y económicos –con sus intereses propios- para conseguir un mayor bienestar. Más allá del análisis económico tradicional en relación con la inversión de los individuos para obtener frutos, hoy en día se utiliza en los estudios sobre pobreza y bienestar, como un recurso que necesita ser valorado por la convención económica, de modo que resulte potenciado, a través de oportunidades y de inversiones para transformar las condiciones de dicho capital social, con miras a alcanzar estados de Bienestar. Como activo en un grupo humano que vive y que produce, el concepto incluye al capital natural.

El Bienestar es un concepto complejo conformado por los factores que participan en la calidad de vida de una persona, de modo que ésta cuente con tranquilidad y con satisfacción humana. Es un bien intangible, con fuertes cargas subjetivas, aunque bien reconocido cuando se comprenden conceptos como Salud, Seguridad física, bienestar básico material (ingresos, pertenencias, vivienda y transporte, por ejemplo), bienestar social (relaciones satisfactorias con el otro y los otros: personas, amigos, familia, comunidad), desarrollo (educación, productividad, contribución) y bienestar emocional (inteligencia emocional y sentido de sacralidad en la existencia, por la vía espiritual o por la vía del aprecio de la naturaleza y de la obra humana constructiva y sensible).

Construcción de Ciudadanía
En tiempos de “Ciudadanías Activas” (Díaz 2011, citando a Ochman, 2004 y a Leiras, 2002), para las democracias resulta indispensable lograr acuerdos básicos y limar los desacuerdos posibles, por medio del proceso participativo en las decisiones de gobierno, ya que la legitimidad de las democracias se sostiene en los principios de igualdad intrínseca y de autonomía. Con una visión y abordajes sistémicos e integrales, las propuestas de gestión ciudadana necesitan cumplir con requisitos de bienestar colectivo, gestión compartida, planificación, estructuración y construcción permanente, de modos congruentes y responsables, dados los impactos en los ámbitos local, sectores, regiones, naciones y mundo. La construcción de ciudadanía implica a un ciudadano competente, con habilidades, conocimientos, disposiciones y actitudes favorables, que facilitan y propician su participación en los procesos colectivos de las ciudades. Esta construcción, ocurre en los espacios para expresar ciudadanía, en los que el humano “se realiza y se potencia”, pues ellas –las ciudades- son sitios en los que el ciudadano actúa sus fuerzas creadoras y destructoras- por lo que es necesario otorgar las herramientas necesarias al ciudadano –sin pensar en concesiones verticales- para que éste conforme sus competencias hacia las competencias y con el fin de lograr su propio empoderamiento.

Tejido Social
El tejido social implica al conjunto de interdependencias entre partes, elementos, procesos donde ocurren de formas dinámicas series complejas de relaciones internas e interdependientes, que resultan útiles para el soporte emocional, cultural, físico, social –y aún económico- a sus interactuantes. (Chávez y Falla, 2004). Los vínculos sociales permiten el desarrollo de la experiencia de vida. Y, como tal, se constituye en nudos, tramas, hilos que –con ciertas perspectivas- tienen el aspecto de redes, de un tejido, de un tejido –justamente- social. Estas redes conforman –mediante representaciones analíticas- ciertos límites entre el individuo y la comunidad/sociedad, entre su identidad y la alteridad social, entre los sujetos que constituyen su conjunto social como un sistema aparentemente natural y el sistema social general en el que están insertos (Citan a Henao, 1998). Se establecen con la base de una red de relaciones que se basan en intereses comunes: afectivos, económicos, políticos o culturales y que se tejen en tres grupos: redes de sociabilidad –vecindad, amistad o parentesco- redes de comunicación –fluctuante y determinada por la interacción mutua, de forma real o virtual- y redes de transacción, que implican la movilización de recursos y las estrategias de negociación y resolución de conflictos, a través de intermediarios. Estas redes, estos tejidos son relevantes, pues “otorgan garantías de continuidad y consolidación de experiencias organizativas, y se asocian con los nexos cotidianos de actuación respecto de individuos y grupos que se relacionan en los lugares geográficos. Los fines del tejido social es la creación de mecanismos efectivos para cumplir metas grupales, autodeterminadas, basadas en las condiciones inherentes al comportamiento de los individuos en los procesos sociales, con el fin de enfrentar situaciones presentes y futuras con modos de autopreservación y automejora (Chávez y Falla, 2004, citan a Hernández, 2000).

FIN.



Post scriptum: Este artículo corresponde a un proyecto presentado en el CONACYT, en 2014, bajo el RENIECYT de la autora. En él participaron los divulgadores Guillermo Bermúdez, María Elena García (autores y con un huerto urbano de comunidad con más de 10 años de experiencia; Leticia Loza Trejo, quien trabajó en educación formal y no formal en el MIDE, como conceptualizadora y como parte del Foro Educativo del Museo. Y Liliana López Borbón, reconocida gestora cultural. Todos ellos han sido citados en el presente texto. Gracias a ellos fue posible conformar este gran ideal, con difíciles caminos para aterrizar y convertir en una realidad (eso sí: ¡Muy útil!). La Divulgación de la Ciencia ha ido en progreso, paso a paso, ganando terrenos muy valiosos en diarios, espacios públicos (Las Noches de Estrellas, por ejemplo; y las Ferias Nacionales de la Ciencia, tan valiosas). Y ahora, en lo académico, también ganan espacios en aulas de Periodismo en diversas universidades y centros de estudio (Claustro de Sor Juana y FCPyS-UNAM, por citar sólo dos). Quizá, el salto hacia este tipo de propuesta sea uno al que lleguemos todos con calma y con tiento, sin saltos al vacío. Eso esperamos todos. Felicidades a todos los divulgadores, quienes han puesto granitos de arena o verdaderas piedras angulares para que la tarea cuente con especialidades y con avances asombrosos, en un territorio tan vasto y diverso como es el mexicano, desde hace más de 40 años.

Directora y fundadora de Luciérnagas: Creatividad, Conocimiento y Sociedad. Museóloga en Papalote, Museo del Niño y en Sietecolores, Ideas Interactivas: guionista, curadora de colecciones y desarrollo de contenidos. Traductora de inglés, francés y alemán. Comunicóloga (UNAM) y Pg. en Periodismo de la Ciencia y en Filosofía Política y Social (U. de Navarra). Miembro de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia (Somedicyt).

Fuentes.
Cómo citar este artículo ISO690.
Portada Aleph-Zero

Aleph-Zero No. 85


Revista de Educación y Divulgación de la Ciencia, Tecnología e Innovación

Jesús Kumate Rodríguez .

Biografía. Redacción .

Peter Grünberg (1939-2018) .

Biografía. Redacción + Alephzero.

El ritmo justo del azar .

Divulgadores. Salvador Ruiz Fargueta + .

Nanotecnología, Revoluciones industriales, CTI en México… ¿¡Y tú!? .

Divulgadores. Rocío Incera + Luciérnagas, Creatividad Conocimiento Y Sociedad.

Pint of Science llega a México .

Eventos. Redacción .

El temazcal una práctica medicinal empleada en México de orígenes prehispánicos .

Investigación. Claudia Abigail García-Almeida + (1); Aarland Rayn Clarenc + (2); Fernando Díaz de León Sánchez + (2); José Alberto Mendoza-Espinoza + Autor de correspondencia (2).

Valerian y la ciudad de los mil planetas .

Kultur@leph. Jesús Taboada Liljehult + .